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Hablar de emprendimiento en Chile es hablar de personas que deciden avanzar incluso en contextos de incertidumbre. Emprender no es solo crear un negocio: es innovar, adaptarse, generar empleo, aportar al desarrollo local y, cada vez con más fuerza, hacerlo de manera sostenible. En ese camino, el ecosistema que rodea a los emprendedores no es un elemento accesorio: es una condición habilitante para que las ideas se transformen en proyectos viables y con proyección.
En noviembre pasado, en el marco de Emprende Tu Mente (EtM), se volvió a poner en el centro una convicción que en BancoEstado sostenemos desde hace décadas: el emprendimiento florece cuando existe articulación, redes de apoyo y una mirada de largo plazo. La realización de una nueva versión del Premio Emprende, con más de 20 años de historia, fue una expresión concreta de esa visión, pero también una oportunidad para mirar el ecosistema con perspectiva futura.
El emprendimiento hoy no es homogéneo. Conviven microempresas familiares, pymes en expansión, startups de base científico-tecnológica y proyectos con fuerte impacto social y ambiental. Esa diversidad exige respuestas distintas, pero integradas. No basta con financiamiento aislado: se requiere acompañamiento, acceso a redes, herramientas digitales, educación financiera y condiciones para innovar. En otras palabras, un ecosistema que funcione como un todo.
Desde su rol como banca pública, BancoEstado ha ido construyendo ese ecosistema de manera progresiva. Programas como Impacto Verde, Impacto+, Start, el trabajo territorial de BancoEstado Microempresas, la red CajaVecina o soluciones digitales como Rutpay no son iniciativas independientes, sino piezas de una estrategia que busca conectar inclusión financiera, innovación y sostenibilidad. Lo relevante no es cada herramienta por separado, sino la forma en que dialogan entre sí para responder a las distintas etapas del ciclo emprendedor.
Los emprendimientos reconocidos en noviembre pasado —muchos de ellos ligados a economía circular, resiliencia climática, innovación agrícola o biotecnología— son una señal clara de hacia dónde se está moviendo el talento emprendedor del país. Proyectos que reutilizan residuos, optimizan el uso del agua, desarrollan soluciones tecnológicas o generan valor desde los territorios muestran que la innovación ya no es exclusiva de los grandes centros urbanos ni de sectores tradicionales.
Mirado en perspectiva, el desafío es escalar ese impacto. Que más emprendedores puedan transitar desde la idea a la consolidación, desde lo local a lo nacional, y desde la subsistencia a la creación de valor sostenible. Para ello, el ecosistema debe seguir fortaleciéndose: más colaboración público-privada, mayor conexión entre emprendimiento y ciencia, más financiamiento con enfoque de impacto y una digitalización que no deje a nadie atrás.
El aprendizaje que dejan instancias como EtM y el Premio Emprende es claro: cuando se generan espacios de encuentro, visibilidad y reconocimiento, el emprendimiento se acelera. Pero, sobre todo, se dignifica. Se reconoce el esfuerzo, la perseverancia y la capacidad de innovar incluso en contextos adversos.
Mirando hacia adelante, el desafío no es solo seguir apoyando emprendimientos, sino consolidar un ecosistema donde innovar sea una posibilidad real para todas y todos, en cualquier territorio del país. Ese es el camino para un desarrollo más inclusivo, resiliente y sostenible, y es también una responsabilidad que, como banca pública, asumimos con convicción.
Soledad Ovando- Gerenta General de Créditos BancoEstado